Construida en el siglo XIX e inspirada en la Maestranza de Sevilla, la plaza refleja la profunda tradición taurina de una ciudad ligada a la Fiesta desde hace siglos
La plaza de toros de Jerez de los Caballeros es uno de los monumentos más emblemáticos del patrimonio taurino extremeño. Levantada en el paraje conocido como La Pipa e inaugurada en 1862, este coso destaca tanto por su valor arquitectónico como por representar siglos de tradición taurina en una localidad donde los festejos con toros forman parte de su identidad histórica.
Mucho antes de la construcción de una plaza permanente, los jerezanos ya celebraban capeas y corridas en distintos espacios abiertos de la ciudad. Existen referencias documentales que acreditan festejos taurinos desde el siglo XVI, vinculados principalmente a las celebraciones en honor a San Bartolomé y a las ferias concedidas por la Corona. Incluso el historiador Pascual Madoz describía en el siglo XIX una antigua plaza de toros situada junto a la iglesia de San Bartolomé, un recinto provisional que únicamente se cerraba cuando se celebraban espectáculos taurinos.
El gran impulsor del proyecto de la plaza fue el Marqués de Rianzuela, Luis de Solís y Manso, quien adquirió los terrenos de La Pipa en 1868 tras haber iniciado previamente la construcción del edificio. El diseño del coso tomó como referencia la Real Maestranza de Sevilla, convirtiéndose en una de las plazas con mayor parecido arquitectónico al histórico recinto sevillano. De hecho, ambas construcciones compartieron parte de su desarrollo cronológico y estilístico durante el siglo XIX. En 1999 el coso pasó a ser de titularidad pública.
Arquitectónicamente, la plaza sobresale por su equilibrio y solidez. Construida con piedra de morteruelo y ladrillo, dispone de dos pisos con gradas y palcos distribuidos mediante ocho escaleras y tres accesos principales, además de dependencias propias de un coso taurino como chiqueros, corrales, caballerizas, enfermería o sala de toreros. Su cuidada ejecución y el parecido con la Maestranza de Sevilla la convierten en una de las plazas más singulares y mejor conservadas de Extremadura.

