Carlos Tirado paseó tres trofeos y Darío Romero sumó cuatro en una tarde en la que ambos novilleros mostraron entrega ante un encierro de juego desigual
Carlos Tirado abrió plaza con una larga cambiada en el tercio y un recibo a la verónica. Llevó al novillo al caballo por chicuelinas al galleo y comenzó la faena de muleta por bajo, continuando sobre la mano derecha para después cambiar a la izquierda. La labor no terminó de tomar vuelo en ningún momento, pese a la disposición del novillero. Mató de media estocada tras un pinchazo y fue premiado con una oreja, mientras que el novillo fue silenciado.
Darío Romero recibió a su primero con verónicas y una chicuelina. Se ocupó del tercio de banderillas, como es costumbre en él. Consiguió acoplarse al segundo de su lote, alcanzando el mejor momento de la mañana al natural, con una serie de muletazos desmayados y de muleta baja. Tras la suerte suprema fue premiado con dos orejas.
Carlos Tirado volvió a recibir a su segundo con una larga cambiada y verónicas. El novillo ofreció escasas opciones, soltando la cara y revolviéndose con rapidez, sin buena condición por ninguno de los pitones y con derrotes incómodos. Tiró de oficio en distancias cortas para conectar con los tendidos y rubricó su actuación con una estocada entera tras un pinchazo, cortando dos orejas.
Darío Romero cerró plaza sacando todo su repertorio desde el recibo capotero con unas importantes verónicas. Cogió los palos y colocó tres pares de banderillas, destacando el último, que citó de rodillas. Después se mostró firme por ambos pitones, ligando tandas ante un novillo que no se lo puso fácil. La faena fue premiada con dos orejas, mientras que el novillo recibió la vuelta al ruedo.
