La plaza de toros de Almendralejo, declarada Bien de Interés Cultural, esconde bajo sus tendidos una singular bodega de vino
La plaza de toros de Almendralejo se prepara para volver a ser escenario de una gran cita taurina. El próximo 12 de septiembre, el coso de La Piedad acogerá la Gran Final del Circuito de Novilladas de Extremadura, pero antes de abrir sus puertas a los tres finalistas, conviene detenerse en la historia de un edificio que lleva casi dos siglos formando parte de la vida de Almendralejo.
Levantada en 1843, la plaza nació en una época de especial prosperidad para la localidad. La iniciativa partió de la Sociedad de la Plaza de Toros de Almendralejo, que financió su construcción mediante la venta de 170 acciones a 700 reales cada una. Los maestros alarifes locales Pedrera y Tinoco fueron los encargados de levantar el primer coso, que quedó inaugurado aquel mismo año con la actuación del espada sevillano Juan León «Leoncillo».
Aquella primera plaza distaba mucho de la imagen que hoy ofrece La Piedad. Con el paso de las décadas, el coso fue transformándose para responder a las necesidades de una afición cada vez mayor. En 1881 se acometió una primera reforma destinada a incrementar el número de localidades, antes de que, en 1912, llegara la intervención que marcaría definitivamente su fisonomía.
La remodelación de 1912 dotó al edificio del característico aspecto neomudéjar que conserva en la actualidad. Se levantaron nuevos palcos y se incorporaron elementos de hierro fundido, arcos de herradura y una decoración de inspiración neoárabe. El proyecto tomó como referencia la desaparecida plaza de toros de Madrid, obra de Emilio Rodríguez Ayuso.
Pero si hay algo que convierte a La Piedad en un escenario único es lo que se encuentra bajo sus tendidos. Las galerías que sostienen el graderío albergan una bodega, integrada en la propia construcción y estrechamente vinculada a la tradición vitivinícola de Almendralejo. En sus dependencias se conservan numerosos conos de vino, lo que convierte a la plaza en un singular punto de encuentro entre dos de las grandes señas de identidad de la localidad: el toro y el vino.
Su arquitectura también habla de su tiempo. Sus muros, arcos y bóvedas conviven con una estructura de hierro de gran delicadeza, mientras que los elementos decorativos completan una de las estampas más singulares de la arquitectura taurina extremeña.
El valor histórico y arquitectónico del coso llevó a la Junta de Extremadura a declararlo Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, en 2014. Una protección que reconoce oficialmente el valor de un edificio que, casi dos siglos después de su construcción, continúa ligado a la vida cultural y taurina de la ciudad.
Ahora, La Piedad se prepara para escribir un nuevo capítulo de su historia. El próximo 12 de septiembre, sus tendidos volverán a llenarse de aficionados para recibir a los tres novilleros que trenzarán el paseíllo de la Gran Final del Circuito de Novilladas de Extremadura. Casi dos siglos después de aquella primera corrida protagonizada por Juan León «Leoncillo», el toro volverá a ser protagonista en un escenario que ha sabido conservar, entre sus muros y bajo sus tendidos, la memoria de Almendralejo.

