Emilio García-Torres afronta este domingo en El Tiemblo la tercera clasificatoria del Circuito de Novilladas de Castilla y León junto a Álvaro Rojo, ante novillos de Raso de Portillo
Tras debutar con picadores hace menos de un año, Emilio García Torres llega a este compromiso convencido de que la afición verá «una versión de novillero con mucha entrega, pero queriendo torear bien y despacio«, asegura.
La ganadería de Raso de Portillo, una de las divisas con mayor personalidad del campo bravo castellano, supone un reto de máxima exigencia. Emilio lo tiene claro: «Una ganadería como la de Raso va a exigir de mí una entrega y exigencia total, además de estar con la cabeza muy despejada».
En el cartel estará también Álvaro Rojo, compañero de escuela y, al mismo tiempo, rival directo por un puesto en semifinales. García-Torres reconoce el aprecio que siente por él, aunque subraya que, una vez comienza el paseíllo, solo vale marcar diferencias en el ruedo. “Álvaro ha sido un buen compañero al que aprecio, pero en el ruedo hay que querer ser el mejor y marcar la diferencia independientemente de con quién torees”, afirma.
De cara a una cita de tanta importancia, el novillero admite que el peso de la responsabilidad es mayor que la propia ilusión, consciente del escaparate que supone el certamen para cualquier torero en formación. Aun así, considera que ambas sensaciones deben convivir. «Mucho más la responsabilidad de aprovechar la oportunidad, pues es el escaparate que todo novillero necesita. No obstante, esa ilusión es necesaria para sacar una buena versión de uno mismo».
Más allá de los trofeos o de una posible clasificación, Emilio pone el foco en las sensaciones que pueda dejar en el tendido: “Lo mejor que puede percibir la afición es las ganas de volver a verte torear”.

