Galindo, un caballo de picar de leyenda

Me acuerdo de “Galindo” de vez en cuando, cuando voy por alguna carretera del Campo Charro, esas carreteras bravas, bravas de toros y de curvas de la Salamanca ganadera. Me acuerdo cuando veo pastar a los caballos percherones (Bretones), en el campo. Ese cruce sanguíneo da como resultado el enjundioso caballazo de picar. A lo humano, como los tiarrones del Rugby galés, pongo por caso. Y “Galindo” era un caballo de picar de leyenda. Medía a los novillos y los toros como nadie.

No sé por qué, ahora me viene el “Galindo” a la cabeza. Es que la Fundación Toro de Lidia está embarcada, como saben, en quitar los palos de las ruedas que impiden rodar a la tauromaquia. Y lo hace de forma efectiva. ¿Cómo si no sería posible ahuyentar los fantasmas del colapso taurino después que las Escuelas cumplen con su misión de educar en valores, taurinos y humanos, a los chicos y chicas que ocupan sus aulas y enseñanzas primerizas? No, no hay otra forma.

Cuando la escuela se acaba, el socavón al que se asoman los posibles toreros y figuras del mañana es abismal. Porque apenas hay ya novilladas picadas, porque montarlas supone un costo económico muy cercano a una corrida de toros y, fundamentalmente, porque nadie nace con los dientes puestos, nadie nace figura. El aprendizaje de torero es duro, sacrificado, cruel a la par que ilusionante. Un camino lleno de meandros, dudas, frustraciones, de éxitos también. Conlleva un incierto recorrido, una evolución personal, profesional, asimilar y orquestar un oficio donde el arte y el valor caminan siempre bajo la sombra del frío tapete de una camilla de enfermería.

Casi siempre los nombres de los novilleros que acceden a torear con caballos, carecen de referencias en los aficionados. Apenas unos cuantos seguidores y familiares muestran interés en ir a verlos, ahítos de la expectación que atrae el público a las taquillas. Eso hace que los empresarios no consideren económicamente montar novilladas. Por eso atacar esa línea de flotación en la tauromaquia actual, es fundamental. Y la única forma de hacerlo es organizar certámenes de novilladas picadas aunando esfuerzos. Me parece que la Fundación Toro de Lidia da en el clavo diseñando esta Liga Nacional de Novilladas. Y ya estamos en las semifinales. Los sábados de junio, 18 (Lerma Burgos. Novillos de Antonio Palla para Daniel Medina e Ismael Martín) y (Arcos de Jalón, Soria. Novillos de Eladio Vegas para Pablo Jaramillo y Mario Navas) y el 3 de julio (Los Santos, Salamanca. Novillos de Ignacio López Chaves para Fabio Jiménez y Jesús de la Calzada).


Ya hay novilleros con interesante perfil profesional y triunfos reseñables en plazas de primera categoría que han pasado con zancada firme por este Circuito de Novilladas. Participación que ha supuesto en sus carreras una oportunidad de oro y altavoz potente para afianzar su incipiente presencia en la profesión.

“Galindo” ya no existe, pero seguro que sus colegas equinos estarán al quite para echarles una mano.

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