El futuro está en los pueblos

La tauromaquia se enfrenta a la crisis más grande que jamás haya conocido. La drástica reducción de festejos que vino como consecuencia de la crisis de 2008, la ola abolicionista que se extiende a los dos lados del Atlántico, el alistamiento general al mascotismo de ciudad y correa, y la marginación de los medios generalistas, constituyeron un caldo de cultivo de estertóreas consecuencias. Si a este magma le sumamos la crisis del covid-19, el peligro de cierre por derribo es evidente.

Si atendemos a la fría estadística, entenderemos muchas cosas. En 2021 se celebraron 560 festejos taurinos mayores- corridas, novilladas picadas y festejos de rejones- frente a los 793 de 2019. Se ha recuperado un 70% de los festejos que se daban el año antes de la pandemia después de un 2020 donde apenas se celebraron 88 espectáculos. Aún así, la pérdida de masa social desde la crisis de 2008 es dramática. En 2007 dieron toros hasta 902 localidades, mientras que en 2019, solo fueron 377. El 71% de las poblaciones que dejaron de dar toros dos años consecutivos durante las temporadas 2008 y 2009 no han vuelto a celebrar festejos mayores. Desde esta crisis hasta 2019, el mapa taurino español se vació en un 58%. Las grandes plazas, las grandes ferias, las grandes ciudades, siguen ahí. La única realidad es que la tauromaquia se desangra por su eslabón más débil: los pueblos.

España es menos taurina en 2019 de lo que era en 2007. Los pueblos representan la tauromaquia abandonada, que se dejó a su suerte y olvidó que la esencia de los toros y de la afición está  justo ahí, en las talanqueras, en las peñas, en el sol, en las fiestas. La tauromaquia se ha vaciado en los viveros de la afición y a nadie le ha preocupado.

Uno de los hitos del Circuito de Novilladas de Castilla y León es devolver los festejos taurinos a plazas que hacía años que estaban cerradas. Ahí está el caso de la magnífica plaza de Quintana Redonda, en Soria, un lugar único en la tauromaquia mundial. En 2006 estaba fechada la última novillada picada donde actuó el buen torero soriano Rubén Sanz. Desde entonces, festejos populares, capeas y otros eventos pero sin brillar el chispeante hasta que se reabrió en el Circuito celebrado en 2020. Hay que valorar cada iniciativa que pretende devolver el toreo al lugar de donde nunca tuvo que salir: los pueblos.

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