Jesús Mari García

A  pesar de que es frecuente  intentar  modificar y manipular los hechos históricos  en beneficio propio por individuos o colectivos,  la Historia es tozuda y queda demostrada a través de datos, fechas y referencias  contrastables, verificables y ciertas. En nuestro país, la historia de la Tauromaquia no es ajena a todo ello.

Pertenece al acerbo popular y así está demostrado, que la fiesta de los toros, en sus primeras  manifestaciones, nace en la Península ibérica en las estribaciones de los  Pirineos, en la zona que comprende el País Vasco y  Navarra  y se extiende posteriormente  en ambas laderas pirenaicas. Todo ello como  consecuencia del pastoreo del toro descendiente del prehistórico  y desaparecido «uro= bos taurus primigenius», una de cuyas referencia es el llamado «toro de casta navarra» procedente del ancestral y mítico «betizu» (vaca huidiza) como «zezen gorri» (toro rojo)  y la  deriva posterior de convertir el trabajo en ocio, siendo la forma de pastoreo la génesis del toreo.  Esa deriva,  si en algún lugar del planeta tiene lugar y constancia, es en Euskal-Herria o País de los Vascos: «segalaris» (cortadores de hierba), «aizkolaris» (cortadores de troncos), «arrijazotzailes» (levantadores de piedra), «arraunlaris» (remeros ), etc. etc.

A ese inicial enfrentamiento con el toro semisalvaje a base de escorzos, recortes, quiebros y saltos en zonas montañosas y escarpadas del Norte, se unirá más tarde otro tipo de enfrentamiento con el toro  como consecuencia  del pastoreo a caballo en grandes y llanas extensiones de terreno en el centro y sur peninsular.

De esa fusión y  el  posterior abandono del alancear toros a caballo por parte de los nobles tras la llegada a España de Felipe V (año 1700), se mantendrá  con fuerza imparable por su riesgo y emoción,  el llamado «toreo a pie» que en evolución constante ha llegado hasta nuestros días.

Las referencias escritas de estos enfrentamientos de las que se tiene constancia son numerosas y detalladas a lo largo de nuestra Historia en diferentes poblaciones y épocas:

León, 815; Ávila, 1080; Varea, 1135; Eibar-Soraluze-Irure, 1160 (fecha documentada en el Archivo de Protocolos de Oñati); Vitoria, 1202;  Bermeo, 1353 ; San Sebastián, 1550  o  Bilbao, 1600  son algunas fechas tomadas a vuela pluma como referencias ciertas  y documentadas de la ancestral relación de la  fiesta de los toros con  nuestra tradición y  cultura desde hace siglos y siglos.

Sólo añadir la  frase de un personaje fuera de toda duda, esclarecedora y contundente del arraigo popular que la fiesta de los toros tiene  en nuestra sociedad, como fue D. Manuel de Larramendi (S.J.) (1690-1766 ) impulsor del Euskera escrito como lengua noble: «Si en el Cielo se corrieran toros, todos los guipuzcoanos fueran santos para poder ir a verlos». 

La Historia es la que es y no la que queremos que sea. Somos lo que fuimos y seremos lo que fuimos y somos.

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