Retornan las novilladas a la anteriormente denominada provincia de Santander con este magnífico ‘Circuito del Norte’ de la Fundación Toro de Lidia. Si de novilladas hablamos, la más relevante de la historia de esta tierra fue, con poco margen para la discusión, la celebrada el 10 de julio de 1910 en Torrelavega. Porque en ella hizo su debut en la provincia José Gómez Ortega ‘Joselito’.

1910 es el año del lanzamiento nacional de Joselito y de su compañero de cartel, José Gárate ‘Limeño’. Toreará un total de 37 “becerradas-novilladas con picadores”. Justo antes de llegar a la Montaña alcanzó un éxito resonante en la Plaza de Las Arenas de Barcelona, el 29 de junio: salió a hombros.

La novillada de Torrelavega levantó bastante expectación. La Compañía del Ferrocarril Cantábrico reforzó el servicio ordinario con trenes especiales con salida de Santander a las dos y a las cinco menos veinte de la tarde.

En tanto que el tiempo llega,

de ver toros por acá,

vamos a Torrelavega,

que con frecuencia los da,

escribió Amadís en ‘La Atalaya’, mientras ‘El Cantábrico’ rimaba que

Hoy en Torrelavega hay la gran brega

taurina, y si el vapor a tiempo llega,

allá irán hasta gentes de los trópicos

Aficionados: ¡a Torrelavega,

a ver a los toreros microscópicos!

3 y 2 pesetas costaban los tendidos de sombra y sol, respectivamente. En aquel 1910, te podías comprar un reloj de caballero desde 6 pesetas o comer en el Restaurante del Gran Hotel Labadie de Santander por 4.

La plaza registró un casi lleno, con asistencia de un gran número de santanderinos.

La faena de muleta a su primero dura un minuto y medio. Esto, que hoy sería censurable, en aquel tiempo era sinónimo de haber hecho las cosas muy bien. Era la vieja lidia, con un toro duro y áspero en la que el tercio de quites en la suerte de varas con caballos sin peto y la estocada eran los momentos culminantes de la actuación de los matadores.

La reseña de lo hecho por Joselito -de “morado y oro”- a este ‘Naranjero’, retinto, nº 80 y alto de agujas, es absolutamente premonitoria de lo que será su tauromaquia:

PRIMERO.- Sale encampanado y se sitúa, retador, en el centro del ruedo. Joselito le da cuatro lances, rematando un recorte muy ceñido. Aquí está el Joselito inteligente y poderoso, que es capaz de resolver los problemas que plantean los toros, en este caso, uno que se emplaza en los medios de salida.

SEGUNDO.- Después de banderillas, Joselito retira a todos. Dos pases en redondo, uno de pecho y otro de molinete, dados todos ellos con los pies clavados y, cual los maestros, jugando los brazos.

Aquí está el germen del Joselito que dislocará el rumbo de la Historia del Toreo, tratando de ligar los multados en redondo, moviendo los pies lo menos posible y mandado en la embestida con el juego del brazo. Paco Aguado y Domingo Delgado de la Cámara, en sus magníficos libros de historiografía taurina, explican esto muy bien.

TERCERO.- Corona la preciosa faena con una estocada hasta la cintas. No fue la espada su fuerte. Fue un estoqueado más hábil que ortodoxo. Esta vez, hubo buen hacer.

Le piden la oreja pero el presidente del festejo, el Barón de Peramola, señor Ceruti, alcalde de Torrelavega, no la concede. Da la vuelta al ruedo.

En su segundo, el más bravo de todos, que tomó 5 varas, un chaparrón deslució una faena muy variada coronada con un bajonazo, para un veredicto de aplausos.

El balance del festejo fue positivo para Joselito, pero la crónica de Amadís en ‘La Atalaya’ reseña que no hubo ni un solo derribo en varas, “dado el ganado que lidian los niños”, que no fue grande en edad ni en tamaño.

Mientras Joselito gozaba de cierta fama como niño prodigio del toreo y actuaba ya en festejos con picadores ¿qué era de Juan Belmonte en estas calendas de julio del año 10? Pues el trianero iba a matar dos reses por primera vez en su vida, en el pueblo de Arahal, sin picadores. Fue el 24 de julio. La distancia entre los dos colosos era grande, pero se iría acortando.

Por Juan Antonio Sandoval, crítico taurino de la Agencia EFE en Cantabria

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